Caso — familia
Tu hijo se va a vivir a otro país
Tu único hijo consiguió un trabajo en otro continente y viaja en tres semanas. Estás orgullosa y, al mismo tiempo, sientes que te arrancan algo. Pasas las noches pensando que ya no será igual, que lo verás una vez al año, que te quedarás sola, y te cuesta alegrarte con él.
No depende de ti
- Su decisión y su camino
- La distancia
- Cómo cambiará la relación con el tiempo
Depende de ti
- Disfrutar estas tres semanas
- Acordar formas de mantener el contacto
- Construir tu propia vida con proyectos y vínculos
La mirada estoica
Epicteto tiene una frase dura y liberadora: no digas "lo he perdido", sino "lo he devuelto". Tu hijo nunca fue tuyo; fue confiado a ti para que un día pudiera irse. Que se vaya bien es, en cierto modo, tu obra cumplida. La tristeza es natural y no hay que expulsarla. Pero fíjate cómo el miedo al futuro te está robando el presente: estas tres semanas también son él. Aceptar que se va te permite estar con él de verdad. Luego, la templanza: no conviertas su partida en el centro de tu vida. Retoma algo propio, un curso, una amistad, un proyecto. Él también necesita saber que estás bien.
Nunca digas de nada «lo he perdido», sino «lo he devuelto». ¿Ha muerto tu hijo? Ha sido devuelto. ¿Has perdido tu propiedad? También ha sido devuelta.
Para ti
¿Qué harías estas tres semanas si aceptaras del todo que se va?
Principio: Aceptar el destinoVirtud: Templanza